Agua, empleo y pensamiento crítico: el costo invisible de una tecnología que usamos antes de aprender a gobernarla
Por Erika Botero | CEO de BOWI Group
Usar inteligencia artificial no es un acto inmaterial. Cada consulta moviliza infraestructura, energía, agua y decisiones empresariales; también puede modificar la forma en que aprendemos y trabajamos. La pregunta urgente no es si debemos renunciar a ella, sino si podemos seguir adoptándola sin conocer y distribuir responsablemente sus costos.

Hay una pregunta que me persigue desde hace meses, y no es jurídica, aunque debería serlo: ¿con qué derecho tomamos decisiones sobre algo cuyo precio y cuyas consecuencias todavía no conocemos?
Pienso primero en el agua. Un informe del Instituto para el Agua, el Medio Ambiente y la Salud de la Universidad de las Naciones Unidas (UNU-INWEH, 2026) estimó que los centros de datos consumieron 4,5 billones de litros de agua en 2024 y que su huella podría llegar a 9,3 billones en 2030, equivalente a las necesidades domésticas básicas anuales de 1.300 millones de personas en África subsahariana. No toda esa demanda proviene exclusivamente de la inteligencia artificial, pero la IA es uno de sus principales motores.
La Agencia Internacional de Energía (IEA, 2025) calcula que el consumo eléctrico mundial de los centros de datos se duplicará hasta unos 945 TWh en 2030: cerca del 3 % de la electricidad global, no la suma del consumo de casi todos los países. La escala es enorme, pero también importa dónde se instalan esos centros, qué agua utilizan y con qué energía funcionan.
Escribo un mensaje en el celular y, en algún lugar, una máquina procesa mis palabras. No puedo afirmar cuánta agua consume cada frase sin conocer el modelo, el centro de datos, el clima y la fuente eléctrica. Esa incertidumbre es precisamente parte del problema: todavía falta transparencia para que gobiernos, empresas y ciudadanos podamos decidir con los ojos abiertos.
Pienso también en el trabajo. El Foro Económico Mundial (2025) no atribuye todo el cambio laboral a la IA: calcula que distintas transformaciones estructurales desplazarán 92 millones de puestos y crearán 170 millones hacia 2030, con un saldo neto positivo de 78 millones.
Pero el balance agregado no consuela a quien pierde hoy su sustento ni garantiza que pueda ocupar mañana uno de los nuevos cargos. En Estados Unidos, 54.836 planes de despido anunciados durante 2025 fueron atribuidos por las empresas a la inteligencia artificial (Challenger, Gray & Christmas, 2026). Que una empresa invoque la IA, sin embargo, no demuestra que la automatización haya sido la única causa: también puede haber reestructuración, sobrecontratación o traslado de inversión. La precisión importa porque gobernar exige distinguir evidencia, pronóstico y argumento corporativo.
Y pienso, sobre todo, en la mente. Investigadores del MIT Media Lab —el laboratorio de medios del Massachusetts Institute of Technology, MIT— publicaron en 2025 el preprint Your Brain on ChatGPT. Cincuenta y cuatro adultos de 18 a 39 años escribieron ensayos usando un modelo de lenguaje, un buscador o ninguna herramienta, mientras se registraba su actividad mediante electroencefalografía.
El grupo que usó el modelo mostró la conectividad cerebral más débil, menor recuerdo textual y menor sentido de autoría (Kosmyna et al., 2025). Es una señal relevante, no una sentencia: el manuscrito no había pasado entonces por revisión por pares, la muestra fue pequeña y no incluyó niños ni adolescentes. Por eso no prueba que la IA “apague” el cerebro ni que cause daño permanente; sí justifica investigar la llamada deuda cognitiva y evitar que la herramienta sustituya el esfuerzo de recordar, argumentar y crear.
La preocupación no se limita a la escritura. Un estudio multicéntrico publicado en The Lancet Gastroenterology & Hepatology observó que, después de introducir asistencia de IA en colonoscopias, la tasa de detección de adenomas de profesionales que examinaban sin ayuda cayó del 28,4 % al 22,4 % (Budzyń et al., 2025).
El estudio fue observacional y no permite afirmar que la IA causó por sí sola el descenso, pero muestra un riesgo conocido en la automatización: si delegamos una habilidad sin ejercitarla, podemos perder destreza.
En niños, adolescentes y jóvenes, la evidencia longitudinal todavía es insuficiente. Justamente por esa incertidumbre, Nueva York adoptó para el ciclo 2026-2027 una moratoria de un año sobre la IA generativa dirigida a estudiantes desde preescolar hasta octavo grado; prohibió además los chatbots de compañía en todos los grados, mantuvo excepciones de accesibilidad y previó alfabetización y pilotos supervisados en secundaria (New York City Office of the Mayor, 2026).
No es una prohibición total de la tecnología: es una pausa institucional para proteger la interacción humana, las habilidades fundamentales y la evaluación responsable.
También falta mirar los riesgos de gran escala. En 2023, el Center for AI Safety publicó una declaración —hoy respaldada por cientos de investigadores, directivos y figuras públicas— según la cual mitigar el riesgo de extinción asociado con sistemas avanzados de IA debe ser una prioridad mundial comparable con las pandemias y la guerra nuclear (Center for AI Safety, 2023).
Es una posición de expertos, no una predicción demostrada. Su valor está en recordarnos que la gobernanza debe considerar tanto los daños presentes como los escenarios de baja probabilidad y consecuencias extremas.
Esta semana, la advertencia llegó al centro mismo del sistema multilateral. En su último discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, António Guterres sostuvo que los seres humanos estamos cediendo cada vez más poder a las máquinas y pidió avanzar hacia un marco multilateral para gestionar los riesgos de la IA, respaldado por una supervisión creíble e independiente.
También reclamó que los países con mayores capacidades compartan información sobre riesgos emergentes, cooperen en pruebas y evaluaciones y acuerden salvaguardas comunes. Su frase resume el dilema de este texto: la inteligencia artificial debe ser moldeada “por la humanidad, con la humanidad y para toda la humanidad” (Guterres, 2026).
No basta con que una tecnología sea poderosa: tenemos que decidir quién fija sus límites, quién vigila sus efectos y quién responde cuando el costo recae sobre los demás.
No escribo esto para que dejemos de usar la inteligencia artificial. La uso también para pensar y trabajar mejor. Lo escribo porque usarla bien exige algo más que aceptar una respuesta rápida: preguntar de dónde proviene, verificarla, conservar la capacidad de resolver sin ella y medir sus efectos sobre el agua, la energía, el empleo, la educación, la democracia y los derechos humanos.
Gobernar la IA empieza por hacer visible su cuerpo. Necesitamos transparencia ambiental, evaluaciones independientes, protección laboral, alfabetización crítica, límites por edad y contexto, y diseños que complementen el juicio humano en vez de reemplazarlo.
Para cuidar también el planeta, el uso consciente puede comenzar con gestos concretos: elegir la herramienta y el modelo adecuados, evitar generaciones innecesarias, reutilizar resultados útiles, exigir datos verificables sobre energía y agua y preferir proveedores con metas ambientales auditables.
Elegir con los ojos abiertos no es rechazar el progreso. Es impedir que la velocidad nos quite la capacidad de decidir hacia dónde queremos avanzar.
Referencias
Aczel, M., Chamanara, S., Matin, M., Farsi, A., Marwala, T., y Madani, K. (2026). Environmental cost of AI’s energy use: Carbon, water and land footprints. United Nations University Institute for Water, Environment and Health. https://doi.org/10.53328/INR26RMA002
Budzyń, K., Romańczyk, M., Kitala, D., Kołodziej, P., Bugajski, M., Adami, H. O., Blom, J., Buszkiewicz, M., Halvorsen, N., Hassan, C., et al. (2025). Endoscopist deskilling risk after exposure to artificial intelligence in colonoscopy: A multicentre, observational study. The Lancet Gastroenterology & Hepatology, 10(10), 896-903. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/40816301/
Center for AI Safety. (2023). Statement on AI extinction risk. https://safe.ai/work/statement-on-ai-extinction-risk
Challenger, Gray & Christmas. (2026). 2025 year-end Challenger report: Highest Q4 layoffs since 2008; lowest YTD hiring since 2010. https://www.challengergray.com/blog/2025-year-end-challenger-report-highest-q4-layoffs-since-2008-lowest-ytd-hiring-since-2010/
Guterres, A. (2026, 22 de septiembre). Address to the opening of the general debate of the 81st session of the General Assembly. United Nations. https://dprk.un.org/en/323149-secretary-general-address-opening-general-debate-81st-session-general-assembly
International Energy Agency. (2025). Energy and AI: Energy demand from AI. https://www.iea.org/reports/energy-and-ai/energy-demand-from-ai
Kosmyna, N., Hauptmann, E., Yuan, Y. T., Situ, J., Liao, X. H., Beresnitzky, A. V., Braunstein, I., y Maes, P. (2025). Your brain on ChatGPT: Accumulation of cognitive debt when using an AI assistant for essay writing task [Preprint]. arXiv. https://arxiv.org/abs/2506.08872
New York City Office of the Mayor. (2026, 2 de septiembre). Mayor Mamdani and Chancellor Samuels put students first with nation’s broadest generative AI moratorium in schools. https://www.nyc.gov/mayors-office/news/2026/09/mayor-mamdani-and-chancellor-samuels-put-students-first-with-nat
World Economic Forum. (2025). The future of jobs report 2025. https://www.weforum.org/publications/the-future-of-jobs-report-2025/