La brecha tecnológica también es una brecha de oportunidades

América Latina necesita transformar la conectividad, la inteligencia artificial y la innovación en capacidades reales para las personas

Comunicaciones BOWI Group

Mientras América Latina acelera la adopción de inteligencia artificial, automatización y servicios digitales, una parte importante de su población todavía enfrenta barreras más básicas: conexiones inestables, dispositivos insuficientes, falta de formación y dificultades para convertir el acceso a internet en educación, empleo, emprendimiento o autonomía económica. Por eso, la brecha tecnológica ya no puede medirse únicamente entre quienes están conectados y quiénes no. También debe medirse por la calidad del acceso, las habilidades disponibles, la seguridad para participar en el entorno digital y las oportunidades que realmente se generan.

Desde BOWI, este debate parte de una premisa: la transformación digital no produce inclusión de manera automática. Una organización puede adoptar inteligencia artificial, automatizar procesos y ampliar sus canales digitales sin garantizar que trabajadores, mujeres, jóvenes, pequeñas empresas o comunidades rurales puedan comprender esas herramientas, utilizarlas de forma segura y convertirlas en oportunidades. La innovación pierde parte de su valor cuando aumenta la eficiencia, pero mantiene o profundiza las desigualdades existentes.

¿Por qué este debate es urgente?

La brecha digital cambió. Ya no se explica solamente por quién tiene internet y quién no. También depende de la calidad de la conexión, del acceso a dispositivos adecuados, de las competencias digitales, de la protección frente a riesgos y de la posibilidad real de transformar la tecnología en educación, empleo, ingresos o participación. Por eso, el indicador más importante no es cuántas personas están conectadas, sino cuántas pueden aprovechar esa conexión.

El tema es especialmente relevante en América Latina porque la automatización y la inteligencia artificial están modificando ocupaciones, procesos de selección y servicios esenciales en sociedades marcadas por desigualdades económicas, educativas, territoriales y de género. ¿Quiénes tendrán acceso a los nuevos empleos? ¿Quién formará a los trabajadores antes de que cambien sus funciones? ¿Las mujeres participarán en las decisiones tecnológicas o solo asumirán sus impactos? ¿Las políticas públicas y las empresas están midiendo quiénes quedan por fuera?

De la conectividad al aprovechamiento

La Agenda Digital para América Latina y el Caribe eLAC2026, coordinada técnicamente por la CEPAL, ofrece un marco útil para comprender este desafío. La agenda reúne tres ejes habilitadores y tres pilares temáticos, con 38 objetivos orientados a un desarrollo más productivo, inclusivo y sostenible. Su primer eje no se limita a ampliar redes: propone una conectividad significativa, entendida como acceso universal, asequible y de calidad, acompañado de dispositivos adecuados y competencias digitales para la ciudadanía y el sector empresarial. También incorpora la gobernanza y la seguridad digital, así como la innovación, las tecnologías emergentes y la inteligencia artificial para el desarrollo sostenible.

Este enfoque cambia la conversación. Una persona puede aparecer como conectada por usar un teléfono y seguir excluida si no dispone de computador, conexión estable, conocimientos para usar plataformas laborales, herramientas para proteger sus datos o tiempo para capacitarse. La conectividad abre una puerta; las capacidades, la confianza y las oportunidades permiten atravesarla.

Colombia: la IA como política de capacidades

En Colombia, el Documento CONPES 4144 de 2025 formuló la Política Nacional de Inteligencia Artificial con el propósito de generar capacidades para la investigación, el desarrollo, la adopción y el uso ético y sostenible de esta tecnología. Su enfoque reconoce que la IA no es únicamente una herramienta empresarial, sino un asunto de transformación social y económica. La política articula acciones relacionadas con gobernanza y ética, infraestructura y datos, investigación e innovación, formación de talento, gestión de riesgos y adopción de la inteligencia artificial.

Ese enfoque es relevante para cerrar la brecha de oportunidades porque vincula la infraestructura con el talento y la gestión responsable. Sin embargo, su éxito dependerá de que la implementación llegue más allá de los grandes centros urbanos y las organizaciones con mayores recursos. La formación debe alcanzar a mujeres, jóvenes que buscan su primer empleo, trabajadores cuyos cargos están siendo transformados, pequeñas y medianas empresas, comunidades rurales y servidores públicos. De lo contrario, la inteligencia artificial puede concentrar sus beneficios en quienes ya tenían mejores condiciones de partida.

Innovación inclusiva: crecer sin dejar a nadie atrás

La Organización de los Estados Americanos ha planteado la innovación inclusiva como una vía para reducir desigualdades y aumentar la productividad regional. Esta visión amplía el concepto de innovación: no basta con producir una solución nueva; también importa quién puede participar en su creación, quién accede a sus beneficios y qué problemas sociales ayuda a resolver. Para América Latina, innovar de manera inclusiva significa fortalecer capacidades científicas y tecnológicas, promover la participación de las mujeres, acercar las oportunidades a poblaciones marginadas y construir alianzas entre gobiernos, empresas, academia y sociedad civil.

Ética de la IA: la inclusión debe estar desde el diseño

La Recomendación sobre la Ética de la Inteligencia Artificial de la UNESCO, adoptada en 2021, refuerza esta responsabilidad. El instrumento propone que la IA esté al servicio de las personas, las sociedades y el medio ambiente, y que la ética se incorpore durante todo el ciclo de vida de los sistemas. La UNESCO advierte que estas tecnologías pueden reproducir y reforzar sesgos existentes, afectar el empleo, ampliar la brecha digital y comprometer derechos como la privacidad, la igualdad y la no discriminación.

También pide promover el acceso equitativo a los avances y conocimientos de la IA, abordar las brechas de conectividad y competencias, garantizar la participación de las comunidades afectadas y mantener la supervisión y responsabilidad humanas. Esto resulta esencial en procesos sensibles como la selección de personal, el acceso a servicios financieros, la educación, la salud o la asignación de beneficios públicos. Una decisión automatizada puede ser rápida, pero no necesariamente justa, transparente o comprensible.

El papel de las empresas y de BOWI

Las políticas públicas y los marcos internacionales son fundamentales, pero las empresas también tienen una responsabilidad directa. Antes de automatizar, deben identificar las capacidades que necesitan sus equipos, formar a las personas, proteger los datos desde el diseño, evaluar sesgos, mantener supervisión humana y medir quiénes están quedando por fuera. La inclusión digital no debe aparecer al final como una corrección, sino desde el comienzo como un criterio de diseño, inversión, cumplimiento y gestión de riesgos.

Desde BOWI, la conversación puede conectar tecnología, gobernanza, ciberseguridad, protección de datos, cumplimiento y desarrollo de talento. Una organización digitalmente madura no es solo la que adopta más herramientas, sino la que entiende sus impactos, fortalece la confianza y convierte la innovación en valor sostenible para las personas y para el negocio.

Reflexión y llamado a la acción

La brecha tecnológica no se cerrará cuando todas las personas aparezcan conectadas en una estadística. Se cerrará cuando una mujer pueda transformar esa conexión en autonomía económica; cuando un joven encuentre una primera oportunidad; cuando un trabajador pueda actualizar sus conocimientos antes de ser desplazado; y cuando una comunidad pueda utilizar la tecnología de manera segura, crítica y productiva.

El llamado es a pasar de la adopción a la inclusión: gobiernos que conviertan las agendas digitales en capacidades territoriales; empresas que formen antes de automatizar; instituciones educativas que enseñen habilidades relevantes y ética digital; y organizaciones que midan no solo cuántas personas usan una tecnología, sino quiénes se benefician, quiénes quedan excluidos y qué acciones se tomarán para corregirlo.

La pregunta no es solamente cuánto avanza la tecnología, sino si ese avance amplía oportunidades o digitaliza las desigualdades que ya existían.

Fuentes consultadas

• Departamento Nacional de Planeación de Colombia. Documento CONPES 4144 de 2025, Política Nacional de Inteligencia Artificial.

• CEPAL. Agenda Digital para América Latina y el Caribe eLAC2026, aprobada en la Novena Conferencia Ministerial sobre la Sociedad de la Información, 2024.

• Organización de los Estados Americanos. Innovación inclusiva: claves para reducir la desigualdad y aumentar la productividad en la región.

• UNESCO. Recomendación sobre la Ética de la Inteligencia Artificial, adoptada por los Estados Miembros en 2021.